En su libro "La Creación de la Consciencia" Edward F. Edinger escribió:
"La historia y la antropología nos enseñan que la sociedad humana no puede sobrevivir por mucho tiempo, a menos que sus miembros estén psicológicamente contenidos en un mito central vivo. Ese mito proporciona al individuo una razón de ser. Las principales culturas mundiales se aproximan en mayor o menor grado a un estado de carencia de mitos. El colapso de un mito central es como el rompimiento de un frasco que contiene una esencia preciosa. El sentido se pierde. En su lugar se reactivan los contenidos primitivos y atávicos. Los valores diferenciados desaparecen y son sustituidos por motivaciones elementales de poder y placer, o entonces el individuo se expone al vacío y al desespero. Con la pérdida de la consciencia de una realidad transpersonal (Dios) las anarquías internas y externas y los deseos personales rivales asumen el poder. La pérdida del mito central acarrea una situación verdaderamente apocalíptica, y ese es el estado del hombre moderno. Así lo expreso W.B.Yeates en sus poemas:
En la Tradición Judía se reconocerá aquí el proceso de las dos dimensiones de la redención: ambas tienen en común la recuperación del Centro y la consciencia del Centro.
La redención colectiva por un lado, porque el Judaismo no es una religión sino una Nación: la pérdida inicial del territorio nacional y la posterior actual recuperación del mismo: el Estado de Israel y la inquebrantable decisión consciente de no volverlo a perder más nunca, a cualquier precio.
La redención individual por otro lado, porque lo más cercano e inmediato que tiene el hombre es su propia realidad, su Sí Mismo que debe ser redimido como lo hemos dicho anteriormente, adquiriendo la firmeza, la estabilidad, la permanencia y la consolidación de su consciencia, aún después de que se pierda el recipiente que la contiene que es el perecedero cuerpo físico.
El símbolo vivo de éste Centro en la Tradición Judía, cuya consciencia interior y exterior hay que recuperar, que no solo es colectivo sino también individual o en lo interno del Hombre, es la Piedra de Fundación (Even Hashetiyá) : la Piedra del Monte Moriyá en la que Abraham iba a sacrificar a su hijo Isaac ... la Piedra sobre la cual Jacob puso su cabeza y soñó ... la Piedra sobre la cual fue construido el Templo de Salomón en Jerusalem ... el Centro del Mandala ... el Sí Mismo a que alude C.G.Jung en el proceso de individuación ...
Este Centro individual y colectivo, es simbolizado de muchas maneras en las distintas Tradiciones, las orientales y las occidentales, porque la Realidad es Una, Dios es Uno sin segundo y no hay nada fuera de Él.
De muchas maneras decimos, como una Madre que prepara la comida para sus hijos de modo que cada uno de ellos tenga la que le conviene: de un pescado grande hará platos diferentes para sus hijos: a uno pescado frito, a otro sopa hervido de pescado, a un tercero pescado al horno, a un cuarto pan de pescado (guefilte fish) etc... aunque es el mismo pescado, sus hijos mientras están en la periferia o en camino hacia el Centro dicen: "el mío es el verdadero pescado, no el tuyo."
Este Centro en el que confluyen el "cielo" y la "tierra" es el "lugar" en el que se encuentran los Vivientes o los Justos (Tzadikim) de todas las Tradiciones.
Según la Tradición Judía, la división del Mar de los Juncos (Yam Suf) es la culminación de la salida de los límites (metzarim) comúnmente llamada salida de Egipto. A semejanza de la Piedra de Fundación (Even Hashetiyá), o el Centro, atravesar el Mar a secas sin que la consciencia se disuelva paulatinamente es una conjunción o fusión de los opuestos:
